¿Soy yo el Guardián de mi Hermano?

By: por John Morton, D.S.S

Abril 26th, 2009

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¿Soy yo el Guardián de mi Hermano?

Article imageTraducción:Gaby Grigorescu -Editado:Andreina Garban

Pregunta:¿Soy yo el guardián de mi hermano?

Respuesta:Quizás aún estamos respondiendo la pregunta de Caín a Dios [Génesis, 4:9] y en una forma vital para cada uno de nosotros. Para mí, tenemos que ser los guardianes de nuestros hermanos y hermanas y hacer lo que sea posible para asistirnos los unos a los otros. Es entonces cuando experimentamos nuestra conexión humana y divinidad. Por lo tanto, elijo responder, “Si, Yo soy el guardián de mis hermanos y mis hermanas”.

A los ojos del Señor, todos nosotros somos bienvenidos y celebrados. No existen los senderos caprichosos, porque todos te conducen de vuelta a tu hogar en Dios. No importa cómo algunos de nosotros haya podido haberse alejado o extraviado, no es verdaderamente nuestra preocupación excepto que somos llamados a cuidarnos los unos a los otros. Pongamos de lado lo que nosotros podamos mantener en contra de nuestros hermanos y hermanas por lo que hayan dicho o hecho. Permitamos ofrecernos y celebrar a nuestros hermanos y hermanas como nuestros bienamados.

¿Que tal si tú hermano o hermana te hirió o te robó? ¿Por qué querrías ser su guardián?

La venganza no es nuestro nivel de incumbencia. “La Venganza es mía, Yo pagaré, dijo el Señor” [Romanos 12:19]. Dios es el supremo guardián de nuestros hermanos y hermanas. Entonces quienquiera que sea que venga en contra de nosotros, lo podemos amar a pesar de todo. Ellos siguen siendo nuestros hermanos y hermanas. Están siendo amados por Dios del mismo modo en que nosotros lo somos.

Elijamos cuidar de nuestros hermanos y hermanas de cualquier forma que sea en que ellos vengan a nosotros, que bien puede que no sea en nuestros términos. Las necesidades de mi hermano o hermana no necesariamente se presentan ante mí en formas que quiera o como me gustaría. En esas oportunidades, descubro qué tan dispuesto estoy a dejar mi agenda, soltando cualquier egoísmo, y cuidando de ellos de la mejor forma que pueda.

Al ver a través de los ojos del Señor, podemos amar inclusive al más pequeño. Algunas veces el más pequeño es el que más nos desconcierta. Puede que nos encontremos de rodillas diciendo: “Señor, no sé como puedo ser guardián de éste. No me sé llevar bien con éste. Ten misericordia de mí.”

Puede ser un momento sorprendente cuando nos rendimos y confesamos que no sabemos cómo ser los guardianes de nuestros hermanos y hermanas. Ese es un buen momento para llamar al Señor. Recuerda cuando dos o más se reúnen en Su nombre, el Señor está entre nosotros [Mateo 18:20]. En esos momentos, podemos experimentar al Espíritu que vibra en verdad y gozo. Esa vibración amorosa tiene una manera de mostrarnos que todo es de la gloria de Dios, incluyendo a aquellos que podamos llamar nuestros enemigos.

“Te digo, ama a tus enemigos, bendice a aquellos que te maldicen, haz el bien a los que te odian, y reza por aquellos que con malicia te usan, y te persiguen” [Mateo 4:22]. Podemos ver a nuestros enemigos en la forma como Dios los ve a ellos, como sus bienamados. Podemos ver como nuestros enemigos son la gloria de Dios traída hacia nosotros en formas que quizás no podamos reconocer, en formas que podamos dudar, juzgar o combatir. Ese conocimiento puede ser abrumador y, al mismo tiempo, liberador para que podamos amarnos los unos a los otros a pesar de todo. Quienquiera que te desafíe o te ponga a prueba para no amar, recuerda amar a ése, especialmente a ése. Y ese puedes ser tú.

Nuestros sentimientos hacia nuestros hermanos o hermanas no son verdaderamente acerca de alguien o algo en contra de nosotros. En definitiva, nuestra experiencia de amar a nuestros enemigos nos revela como estamos en relación a amarnos a nosotros mismos. Nuestros sentimientos negativos hacia nuestros enemigos reflejan nuestro propio disgusto y la forma que nosotros nos bloqueamos de conocer la gloria de quien verdaderamente somos. Incluso podemos estar agradecidos por nuestros enemigos ya que nos enseñan maneras en que podemos amarnos a nosotros mismos más plena y totalmente. Es abrumador.

Para mí, la verdadera misión de ser el guardián de nuestros hermanos es amarnos a nosotros mismos como nuestro propio hermano o hermana. Yo le recuerdo a menudo a la gente a que se ayuden a ellos mismos primero antes de ayudar a sus hermanos y hermanas. Cuídate de maneras que contribuyan a que te conviertas en un ser humano más alegre, saludable y amoroso. Cuando nos cuidamos a nosotros mismos, eso nos permite ser mejores guardianes de nuestros hermanos y hermanas.

Podemos amar a nuestros hermanos y hermanas ahora mismo. Podemos amar a nuestros vecinos así como nos amamos a nosotros mismos. Podemos amar a nuestros enemigos. Te aliento a hacerlo de verdad, sin excepción. Todos podemos estar más y ser del Espíritu de quien somos. Podemos ser más en relación a amarnos y cuidarnos los unos a los otros en la manera en que el Señor nos ama. A medida que elegimos amar a pesar de todo, podemos entonces decir en verdad, en gozo y con convicción: “Si. Yo soy el guardián de mi hermano.”

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