{"id":35896,"date":"2026-08-06T03:00:53","date_gmt":"2026-08-06T10:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.msia.org\/nuevoamanecer\/?p=35896"},"modified":"2026-08-06T03:17:27","modified_gmt":"2026-08-06T10:17:27","slug":"caballos-en-hyde-park","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.msia.org\/nuevoamanecer\/archivos\/35896-caballos-en-hyde-park","title":{"rendered":"Caballos en Hyde Park"},"content":{"rendered":"<p>No tengo ni idea de cu\u00e1ntas veces aparqu\u00e9 el coche en Hyde Park de madrugada y cruc\u00e9 a pie las enormes verjas de hierro para entrar en los Cuarteles de la Household Cavalry. Fueron, desde luego, muchas veces a lo largo de varios a\u00f1os.<\/p>\n<p>En cuesti\u00f3n de minutos estaba en las cuadras, respirando el olor a caballo, heno, cuero y paja, escuchando su respiraci\u00f3n suave, sus resoplidos, el ruido con que arrancaban el heno de los pesebres o su inquietud al moverse dentro de los boxes. Un soldado me indicaba qu\u00e9 caballo deb\u00eda ejercitar. A veces lo ensillaba yo, a veces lo hac\u00eda \u00e9l. All\u00ed hab\u00eda amigos m\u00edos, civiles privilegiados como yo, con v\u00ednculos con la Household Brigade, y muy pronto sal\u00edamos a cabalgar por el parque.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.msia.org\/newdayherald\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2026\/08\/Horses2.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-112938 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.msia.org\/newdayherald\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2026\/08\/Horses2-300x271.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"271\" \/><\/a><\/p>\n<p>Eran los a\u00f1os 80. Una \u00e9poca especial. Hab\u00eda terminado Insight I. A trav\u00e9s de Russell Bishop hab\u00eda empezado a visitar la casa de AJ Clarke, en Kensington, para los seminarios semanales de J-R. Russell me ense\u00f1\u00f3 a invocar la Luz, y lo hac\u00eda con regularidad.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo, la revista Horse and Hound llevaba en su portada el lema \u00ab<em>El viento del cielo sopla entre las orejas de un caballo\u201d<\/em>. \u00a1Y desde luego que lo hace! Era pura alegr\u00eda. Montaba aquellos enormes caballos de batalla. La mayor\u00eda eran unos pedazos de pan, algunos tiraban un poco, pero por si acaso siempre invocaba la Luz antes de saltar a la silla.<\/p>\n<p>A los caballos no les importaba lo que yo supiera, hasta que sab\u00edan que me importaban ellos. Aquellos caballos nos calaban enseguida. Si no creabas entendimiento, te descartaban, volv\u00edan al galope a las cuadras y hac\u00edan lo que les daba la gana. Es decir, si nadie los atrapaba. Los caballos no ven el mundo como nosotros, y esa es una de las razones por las que buscan la sinton\u00eda. Qui\u00e9relos, y te querr\u00e1n.<\/p>\n<p>Nosotros vivimos en un campo visual de 360\u00b0. Es como un c\u00edrculo enorme. Los caballos no, ellos ven a trav\u00e9s de una banda horizontal estrecha. No pueden ver por encima ni por debajo, y por eso se espantan ante banderas altas inesperadas y se asustan con objetos bajos. Tambi\u00e9n por eso saltan de buena gana a trav\u00e9s de c\u00edrculos de fuego. No ven el fuego por arriba ni por abajo, pero s\u00ed lo ven a los lados y saltan a trav\u00e9s de \u00e9l, si se les pide.<\/p>\n<p>Cabalgar por Hyde Park era un placer. Qu\u00e9 privilegio ir sobre la suave fuerza equina en lugar de enjaulada entre los autobuses y los coches que tos\u00edan carbono al otro lado de las rejas de hierro. Normalmente galop\u00e1bamos por Rotten Row, o quiz\u00e1 a lo largo del Serpentine. Todo el parque era nuestro patio de juegos. Los caballos disfrutaban de su libertad y nosotros disfrut\u00e1bamos de ellos. Esquiv\u00e1bamos a los perros, ciclistas, patinadores y corredores que tambi\u00e9n disfrutaban del ejercicio a primera hora. Nunca sab\u00eda con qui\u00e9n me tocar\u00eda cabalgar despu\u00e9s: el director de la revista Field, o de Horse and Hound, el Comisario Jefe de la Polic\u00eda Metropolitana, entrenadores de caballos de carreras, oficiales de caballer\u00eda, o si ver\u00eda, a lo lejos, a la princesa Diana aprendiendo a montar con James Hewitt.<\/p>\n<p>No se trataba solo de montar. La conexi\u00f3n entre aquellos caballos, su sinton\u00eda mutua, era tan intensa como su conexi\u00f3n, o la falta de ella, con nosotros. Fue esa energ\u00eda del coraz\u00f3n la que me atrajo hacia los caballos cuando, de adolescente, ejercitaba caballos de carreras de National Hunt. Trabajaba los fines de semana como mozo de cuadra, montando, cepill\u00e1ndolos, acompa\u00f1\u00e1ndolos con orgullo los d\u00edas de carrera, paseando en el paddock a los caballos que cuidaba y de pie junto a la valla, mordi\u00e9ndome las u\u00f1as hasta que ganaban, o no.<\/p>\n<p>Hay tantas historias sobre el coraz\u00f3n, el alma y la valent\u00eda de los caballos. Como cuando el IRA hizo explotar una procesi\u00f3n de caballer\u00eda en Hyde Park, matando a siete caballos y dejando a uno, Sefton, con 34 heridas. Hay una estatua en su memoria justo dentro de los muros del cuartel, porque fue valiente y volvi\u00f3 al servicio. La Reina coment\u00f3: \u00abfue el peor d\u00eda de mi vida\u00bb.<\/p>\n<p>Una vez, mi yegua, Banshee, me hizo cuidar de otro caballo. Una ma\u00f1ana, al entrar en su prado, galop\u00f3 hacia m\u00ed y fren\u00f3 en seco. Se gir\u00f3, comprob\u00f3 que la segu\u00eda y me condujo hasta la alambrada que separaba su prado del de al lado. All\u00ed yac\u00eda un caballo enredado en el alambre de espino. Banshee resoplaba y observaba mientras yo llamaba a su due\u00f1o con el m\u00f3vil y, junto a \u00e9l, desenredaba trabajosamente al caballo. Una vez en pie, tambaleante pero vivo, Banshee sacudi\u00f3 la cabeza y se alej\u00f3 al trote. \u00a1Trabajo hecho!<\/p>\n<p>Los animales sienten. J-R me dijo que ellos tambi\u00e9n tienen vida espiritual. Una vez, en un mercado irland\u00e9s, vi c\u00f3mo compraban a una sola vaca y la separaban del reba\u00f1o. Ella luchaba por quedarse, las dem\u00e1s se api\u00f1aban bramando, mientras un muchacho irland\u00e9s la sacaba. Empez\u00f3 a llorar. Enormes l\u00e1grimas rodaban por sus mejillas mientras \u00e9l la arrastraba. Invoqu\u00e9 la Luz.<\/p>\n<p>El Amor, el Alma, el Esp\u00edritu est\u00e1n a nuestro alrededor, reflejados en cada mirada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No tengo ni idea de cu\u00e1ntas veces aparqu\u00e9 el coche en Hyde Park de madrugada y cruc\u00e9 a pie las enormes verjas de hierro para entrar en los Cuarteles de la Household Cavalry. Fueron, desde luego, muchas veces a lo largo de varios a\u00f1os. 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