John-Roger sobre la Promesa Espiritual

By: John-Roger, DCE

septiembre 14th, 2017


Este artículo fue publicado en Inglés en el New Day Herald Mayo/Junio 2007 – Traducción al español realizada por Ana Laura Spósito (Chile) el 6/8/2007 y editado por Nora Valenzuela el 13/06/2007


“Somos, en última instancia, nuestro propio y único consejero. En este mundo, primordialmente nos vemos por reflejo. Así que, buscamos allá afuera el reflejo, y vemos a las personas porque nos reflejan luz. Pero interiormente, el ojo se ve a sí mismo al ser singular, al enfocarse. Entonces se convierte en eso y lo sabe porque es eso. No es una absorción, sino una unidad absoluta. Y sin embargo, a nivel individual, se mantiene a sí mismo porque nosotros hemos trabajado para tener este derecho: de ser co-creadores con el Dios supremo, el Dios de todos los Dioses, el Espíritu de Dios. No el Dios de la personalidad, iracundo e indignado; ese sirve para mantener a la gente a raya. Tampoco el Jesús que limpió los templos o el que tenía el pelo largo o corto. Hablamos de Jesús, quien tenía al hijo de Dios viviendo completamente a través suyo. El Bienamado. Aquel que pudo ser todas las cosas y aún mantener su identidad. Y ahí tienes tu promesa espiritual.” – John-Roger

Si estás estudiando para la iniciación o has sido iniciado, y te estás manteniendo fiel a eso y mueres, estás bendito. Te voy a decir esto de verdad, con absoluto conocimiento e integridad: estaré allí para verte en el Espíritu. Eso es lo que hago. No hago ninguna promesa en este mundo excepto decirte eso. Pero eso es una promesa espiritual. De esa manera sabrás qué es cuando llegues allí. Pero si haces Ejercicios Espirituales y te sales del cuerpo, también sabrás que estoy allí. No estoy mucho aquí. Es un lugar duro para trabajar, pero es un lugar en donde las Almas que están avanzando rápidamente vienen a ganar estas experiencias, para poder irse.

Si no hacemos todo lo que sabemos sobre nosotros, si no cumplimos las promesas de Dios a nosotros, no estamos cumpliendo la promesa espiritual. Vamos a completar otra cosa, porque somos creadores. Y entraremos al lado negativo.

La promesa espiritual es como dice la Biblia: conocer a Dios en carne y Espíritu. No en la carne como carne, porque dice: “Nadie ha visto a Dios en la carne”, y creo que debe ser cierto. Pero pienso que si vamos a nuestro Espíritu, podemos ver el Espíritu de Dios. Yo he experimentado eso. Entonces, conocer a Dios y ser testigo de eso, es para todas las personas. No en el sentido de que se lleve a cabo, sino de que existe como posibilidad. Y luego se pasa a la cena. No se trata de que les des simplemente una hamburguesa y les digas: “Cómetela”. Sino que preparas un banquete en tiempos de hambruna. Sirves mucho, y dejas que la gente elija. Esa es la promesa espiritual.

Todos vinimos con la promesa espiritual adentro nuestro cuando nacimos, y ahora podemos revisar nuestra vida y ver lo que hemos hecho con ella. ¿Mantuvimos la promesa? ¿Estamos cumpliéndola? ¿Qué es esa promesa? La promesa siempre ha sido conocer a Dios y amar a Dios en cuerpo, mente y alma, y amar a tu prójimo de la misma manera.

Este es el Espíritu de la Corriente del Sonido. Comienza “cuando Dios habló” y ese hablar es la Corriente del Sonido en la que nos montamos para regresar al corazón de Dios, a la inteligencia de Dios. Fue diseñada para todos los niveles, pero no para vivir aquí. Fue diseñada para vivir donde fue hablada, si es que puedes entender esa idea. Y cuando Dios parpadeó sus ojos, la claridad y la luz aparecieron sobre el mundo. Y donde Dios caminó hubieron grandes cavernas y valles. Y cuando vio el pecado de la humanidad, las lágrimas que lloró produjeron toda el agua de este mundo. El conoció un día, como todas las cosas, al hombre en su movimiento de alma, no al hombre como género, sino al hombre como ser humano. Que se pararía y hablaría en el nombre de Dios con verdad y honestidad en el espíritu de su corazón. Y que aquello que es el bien que Dios nos ha prometido a todos nosotros – la promesa espiritual – sería entregada por, para y a través de todos los planos de la existencia. Ese tiempo ha llegado. Por eso es que no estamos enseñando a hacer las cosas en lo material. Te enseñamos la inmortalidad, que Dios es el Dios de todas las cosas, y que realmente te ama. Yo he experimentado eso. Y he visto cómo El ama a otros, y he experimentado eso. Y Él no es un Dios que mienta, sino un Dios que vive la verdad de la creación de Sí mismo.

Habrá aquellos que vengan con una mayor conciencia, porque siempre ha sido de esa manera. No llegamos todos a este salón con la misma sofisticación de experiencia. Entonces ¿por qué tendríamos que asumir que todos tenemos la misma conciencia? Algunos vienen aquí con una conciencia más desarrollada de plomería que otros. Algunos vienen con una conciencia más desarrollada de quiropraxia y medicina. Otros con una conciencia más desarrollada sobre cómo arreglar el pelo. Algunos sobre la ropa. Pero esa gran conciencia en estos mundos debe permitir tu promesa espiritual más elevada, porque eres espiritual por tu propia promesa y por la promesa de Dios, y por Dios cuando cumples esa promesa.

Libertad aquí y ahora. Esa es la promesa espiritual, liberación espiritual. Pero si vas por las sombras de tu mente y emociones, estás caminando muerto. Los robots lo hacen mejor que tú porque no saben y siguen caminando, pero tú caminas muerto. Te matas a ti mismo en cada momento.

Este nivel duerme y quiere despertar. Así que se sacude a sí mismo cada vez que puede. Cuando nos sacudimos a nosotros mismos, sentimos la conmoción de las emociones, del cuerpo, de los dolores de la fatiga mental. Finalmente alcanzamos un punto en donde todas esas cosas han llegado a cero. Y en ese punto, cuando realmente nos rendimos, no diciendo que nos rendimos, sino que rindiéndonos verdaderamente ante Dios, entonces nos hemos rendido a nuestro Ser Superior, al Alma que es la extensión del Alma más grande que puede llamarse Dios, o Jesús, o Cristo o Buda, o cualquier nombre que le quieras poner.

Te despertarás – cada uno de ustedes – al saber que eres divino, que el Alma adentro de ti es directamente una extensión de Dios, y que tu herencia es trasladar tu conciencia desde los mundos bajos de la negatividad hacia los mundos del cielo del Espíritu. Esa es la promesa espiritual que es programada en el viaje de toda Alma.

Como hijos de Dios, parte de nuestra herencia es el derecho a crear alegría y abundancia en nuestras vidas. A veces, podemos ser engañados por las ilusiones del cuerpo, de la mente y las emociones. A pesar de ello, la promesa espiritual, que se nos brinda a través de la gracia de Jesucristo, es que podemos elevarnos más allá de los obstáculos y pruebas de este mundo y darnos cuenta de que somos divinos.

Tu trabajo como heredero del reino del cielo es trasladar tu conciencia al Alma para que puedas percibir tu vida directamente. Es redundante decir que eres libre en tu Alma porque el Alma, por naturaleza propia, es libre. Pero a veces no es fácil estar concientes del Alma y de esa libertad espiritual. La mente (Dios la bendiga) es un obstáculo eterno que puede colocarse entre nosotros y la conciencia del Alma. Por formar parte de la mente universal, es parte del mundo de la ilusión y de los reinos de la negatividad.

Cuando tu madre te quita su amor y se enoja y se vuelve fría, es difícil imaginar entonces que tú sigues siendo una persona buena. Y es casi imposible no creer que si sólo pudieras moldear tus pensamientos, creencias, sentimientos y apariencia física a una forma que agradara a todas aquellas personas importantes y poderosas a tu alrededor, que tú pertenecerías a ese mundo. Y que estarías a salvo. Y que estarías completo. Esa es la promesa que pareciera que nuestras familias, nuestra cultura y nuestro mundo sostuvieron para nosotros. Pero existe otra promesa, una promesa espiritual hecha por Dios, que dice que nosotros ya somos amados y valorados por ser quienes somos, y no por lo que decimos, o cómo nos vemos, no por nuestros trabajos, y no por concordar o no con aquellos a nuestro alrededor. La promesa espiritual es que somos todos herederos del reino de Dios porque somos hijos e hijas de Dios. Y nuestras almas son nuestro faro para guiarnos a casa, a ese cielo seguro, sin importar cuán difícil hayamos convertido al viaje.


Cumple tu Promesa Espiritual…

Durante el Año 2 de la Maestría en Ciencia Espiritual, titulado “Cumpliendo la Promesa Espiritual”, los estudiantes se enfocan en despertar más a la promesa de que ellos nacieron “Siendo El Señor”. Los ejercicios se han diseñado para que los estudiantes tengan mayor libertad para dejar ir el pasado y descubrir nuevamente la inocencia de vivir en el presente. Conforme se desarrolla el curso, los estudiantes se adentran más completamente en el bienamado: “Donde el Alma reemplaza a la personalidad, volviéndose el centro de la conciencia y la energía.” Entonces, la promesa espiritual se experimenta como una realidad continua, viva, que la persona elige, día tras día.

Más Información sobre La Maestría en Ciencia Espiritual


 

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