Un Romance Necesario

By: John-Roger, DCE

February 2nd, 2018

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Me gustaría hablar un poco acerca de un tema que es muy tierno y muy cercano a la gente: la pena, o el pesar. Para mí, la pena es un romance necesario. Y la enfermedad es el agente que “desteta” a las personas cuando alguien va a morir. La enfermedad es el agente que nos ayuda a destetarnos, de manera que cuando la persona en cuestión muera, podamos decir: «Estuvo bien: prefiero que te mueras a que sufras esta enfermedad.” El que nos desteten de aquellos de quienes no podemos separarnos es la verdadera misericordia de Dios.

Algunas veces, interpretamos la enfermedad como algo terrible; la muerte como algo que hay que evitar; y el pesar o la pena o el dolor, como un mal innecesario. Pero yo al pesar, lo llamo un romance. ¡Dios mío! He llorado y he penado por la gente porque les amo. Tengo que exteriorizarles mi amor de alguna manera, y la pena es la única manera en que puedo hacerlo, si ya no están aquí.

También he penado a la gente que está viva, y se los digo. Quizás haya tenido un pleito, o un malentendido con alguien. He penado el malentendido, y he llorado con ese alguien. Y tenemos que permitir a dicha persona aquella expresión de amor, al igual que el tipo de amor que es tierno, que nos llega.

No sé si yo pudiese llegar a asistir en un hospicio porque soy un llorón. Probablemente no pudiese decir algo porque me la pasaría llorando todo el tiempo. Alguien tiene que penar con aquellos que andan penando, porque a éstos últimos les duele tanto como a la persona que se está muriendo. De hecho, a la persona que está muriendo probablemente no le duela mucho; probablemente estén felices de poder salir de esta maldita cosa. Pero a la gente que se queda atrás, creo que debería haber algo para esa gente.

Sufrimos las heridas de la muerte, porque no sabemos. Yo enseño que no moriremos, así que no sufrimos. Pero cuando alguien amado muere, sufrimos la pérdida del amor, por el hecho de que ese amor ya no se nos va a regresar. Verás, cuando alguien se va, le extrañamos y echamos de menos el amor de ese alguien por nosotros: «¿Y ahora quien me va a querer? Mamá, ahora que has muerto, ¿quién va a amarme como me amabas tú? Papá, ahora que has muerto, ¿quién va a amarme como me amabas tú? Mi pareja…¿quien me amará como tú me amabas?” Aún y cuando nos divorciamos, con frecuencia se suele pensar: «¿Quién me va a amar como lo hacías tú?” Y penamos la pérdida. Creo que es una parte muy necesaria de quiénes somos, y no me gustaría que nadie quitase la pena. Si un ser amado muere, o te divorcias, y no te sientes mal por ya no estar juntos nunca más, entonces, ¿qué valor tuvo el estar juntos? Yo tendría la expectativa de sentirme mal, o ¿de qué sirvió, o para qué pasar todo ese tiempo adicional con ese alguien, o sea el tiempo a partir que ya no sentía nada por la otra persona? Hubiera sido mejor marcharse antes.

Para el trabajo de un hospicio, creo que estamos preparando a los familiares del que se está muriendo, más que a la persona misma que está muriéndose; pero podemos aún asistir al que va a morir, por supuesto. Yo sé que quiero morir con las cosas que quiero a mi alrededor, entonces ¿por qué podríamos darle eso a esta gente que está en el hospicio? Yo sí creo que tendría mucho valor tener los retratos o fotos que le brinden a la persona más espíritu del sí misma. Puede ser la foto de un gatito, un perro, un venado, una flor, un riachuelo, un lago: cualquier cosas, mientras tenga implícita en ella esa cualidad. Sucede lo mismo con la música. Hay música que puede ayudar a una persona a acercarse más, con mayor facilidad, a su Espíritu, y es lo que nos gustaría para esa persona, si está abierta a recibirlo. Podemos ayudar a preparar al moribundo para aquello que sea lo que sigue. Les podemos ayudar a que dejen que esta vida sea lo que haya sido y mostrarles lo que sigue de manera que tengan un sentimiento de plenitud para que no sientan como que les gustaría que los atasen de regreso a la tierra por cualquier asunto inconcluso, y así que no queden atrapados en la tierra.

Creo que tienes que ser bien fuerte para ser empleado de un hospicio. Creo que necesitas compasión más allá de cualquier medida, y pasión para continuar más allá de cualquier satisfacción. Y, tienes que hacer todo eso de cualquier forma. No sé si haya en el mundo el suficiente dinero para pagarle a la persona de un hospicio por el servicio que prestan en este momento tan importante en la vida de una persona.

Una persona se acerca a Dios en dos momentos sobresalientes de su vida: en el nacimiento y en la muerte. Al nacer, llegaste de con Dios con un mensaje de vida física, y en la muerte te regresas a Dios con un mensaje de Luz eterna. Así que el estar presente en la muerte, es un lugar muy importante en el cual estar, y, por eso, no quisiera yo ir allá y armarle menudo lío a la mente y las emociones de alguien.

Cuando una persona está muriéndose, es tiempo de que ella haga las paces con todo lo que les rodea y todo lo que está adentro de ella, si es lo que quiere hacer ( y hay gente que no quiere). Y si algún narcótico les quita el dolor para que puedan tener paz y no pelear, yo diría muy poco. Pero no quisiera quitarles el sufrimiento si éste les estuviera purificando. En ocasiones el sufrimiento purifica a una persona y en ocasiones les causa dolor, y eso es algo que debe tratarse individualmente.

Hay gente en el Movimiento cuyo trabajo es morir, y mi trabajo es ver que se vayan al lugar en los planos del Espíritu que les tenemos reservado. Sé que es mejor allá que aquí, y no los entretengo o trato de retenerles a menos de que ellos estén de acuerdo en quedarse más por otros que les rodean, o para terminar algo. Si esto es lo que quieren ( y es una decisión espiritual), yo con frecuencia podré brindárselos, aunque no es fácil hacerlo, y tengo que pagar algo a cambio de ello. Pero por un iniciado, no pago. Es ese mi derecho, y lo ejerzo si eso va a quitar karma para todo mundo, no sólo para algunos cuantos.

Si alguien que yo amase, estuviese muriendo, probablemente los arrullaría muy cerca de mis brazos, y los abrazaría durante su muerte. (Y, de hecho, lo hice.) Puede ser quizás porque yo sea la única o persona que yo conozco que cuando ese alguien cerrare los ojos AQUÍ y abriere los ojos ALLA, sería la misma. Y lo sabrá. Creo que ese momento es cuando se dan cuenta de que cumplí mi palabra. Hasta ese momento, no tengo promesa alguna, porque los Viajeros no hacen promesas en el nivel físico. Pero cuando te digo: «Te llevaré allá», lo hago. No sabrás que es verdad hasta que llegues allá. No te digo que lo creas; te digo que hagas ejercicios espirituales y lo averigües anticipadamente. Pero si no quieres hacerlos y tan sólo quieres confiar, no es que eso no permita que siga su desarrollo. Sin importar lo que alguien diga, lo hago.

Baruch Bashan

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