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New Day Herald

Entrando en Calor para Ayudar a los Demás

En estos tiempos de cambios en la tierra, ¿qué podría constituir una emergencia allí donde tú vives?

El sábado pasado por la noche, oí algo que sonaba como una motocicleta acelerando una y otra vez fuera, en el callejón de mi edificio de apartamentos. Cuando me asomé a la ventana, no había nada que ver. Era mi aire acondicionado avisándome de que estaba averiado. Cuando fui a encender el ventilador de techo del comedor, que casi nunca uso, la cadenita para encenderlo se me quedó en la mano.

Las temperaturas de verano en Tucson son de tres cifras (más de 37 °C) desde junio hasta octubre, y a veces se prolongan hasta principios de noviembre. Últimamente han estado entre los 103 y los 109 °F (unos 39 a 43 °C). Quienes nunca han vivido este nivel de calor no pueden ni imaginarlo. Antes de venir a Arizona, estaba más allá de mi imaginación. Los residentes de aquí lo sobrellevan haciendo los recados a primera hora de la mañana, cuando las temperaturas rondan entre los 88 y los 92 °F (unos 31 a 33 °C), y quedándose en casa el resto del día. El aire acondicionado es fundamental para sobrevivir al calor del desierto.

Aquel domingo, mientras esperaba a que apareciera el servicio de mantenimiento, vi una reunión de MSIA por Zoom. Antes de invocar la Luz, compartí mi situación con las personas presentes en la llamada. Con casi dos horas de reunión ya transcurridas, mantenimiento aún no había aparecido. Escribí en el chat que hacía unos insoportables 112 grados Fahrenheit (unos 44 °C) en mi apartamento de la segunda planta (el calor sube), y que tenía que dejar la llamada. Y la casa.

Mi cuerpo se sentía agotado y mi mente, aturdida. Aunque mi cuerpo quería un lugar con aire acondicionado donde dormir esa noche, en ese momento no tenía energía para hacer llamadas, conducir largas distancias ni recoger mis cosas para pasar la noche en otro sitio. Así que salí de casa y pasé una tarde agradable en un cine fresquito. Para cuando volví, el aire acondicionado seguía sin estar arreglado, pero mantenimiento había instalado un aparato de aire portátil junto a mi cama. Logré pasar la noche, y por fin me arreglaron el aire acondicionado el lunes a mediodía.

Al reflexionar sobre esos tres días tan difíciles, se me ocurre que hay mucho que quienes somos de MSIA podemos hacer para ayudar a otras personas que atraviesan situaciones de emergencia:

(1) Da el paso y llama a la persona.

(2) PREGUNTA: ¿Cómo te sientes? ¿Cómo está tu energía?
Es una oportunidad para que la persona conecte con su yo básico. Estas preguntas pueden ayudarla a acceder a partes que quizá se hayan adormecido o se hayan ido fuera del cuerpo.

(3) PREGUNTA: ¿Qué necesitas? ¿Qué te gustaría?
La persona puede estar demasiado abrumada o estresada como para haberse planteado lo que quiere o necesita. Dale tiempo para mirar en su interior. Si dice: «Gracias, no necesito nada», haz tu propia comprobación interna para ver si puedes ayudar.

(4) PREGUNTA: ¿Cómo puedo servirte? ¿Quién o qué podría ser de ayuda?
A veces la persona no quiere parecer necesitada ni molestar a los demás. Puede que ni siquiera sea consciente de qué podría resultarle útil en ese momento. Hay cosas que podemos hacer que quizá tengan un impacto significativo, incluso capaz de cambiar una vida. Puedes ofrecer posibilidades concretas, cosas que a ti te pueden parecer obvias, pero que a la persona no se lo parecen en ese momento.

(5) CONSIDERA: ¿Hay algo que puedas ofrecer y que quizá dudes, o incluso te resistas, a ofrecer? Tal vez sea un sofá o una cama (aunque tu casa esté desordenada, llena de trastos, o seas celoso de tu espacio); llevar a la persona a algún sitio (aunque no te apetezca conducir o gastar el dinero en gasolina); comida (aunque te dé reparo compartir o comprar más); o alguna otra cosa. Todos podemos tener lugares dentro que quizá nos frenen, por razones humanas.

Espero que nunca vivas una emergencia por calor. Y, en estos tiempos de cambios en la tierra, espero también que puedas ofrecerte a ti mismo y a los demás lo mejor de ti en circunstancias extremas.

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