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Nuevo Amanecer

Perdonarse: Una Clave para el Perdón

Sólo sigue perdonándote, sin importar lo que llegue a tu conciencia. Esa es la vigilancia eterna.  Incluso si olvidas perdonarte, sigue eligiendo llevar tu conciencia a: “Me perdono.  Perdono mis juicios. Lo perdono todo, yo perdono.”

La mayoría de nosotros percibimos  que hemos cometido algún tipo de infraccion o que hemos hecho errores o equivocaciones a lo largo de la vida. Hay algo en nosotros los seres humanos  en este planeta, que sin importar lo que hagamos, al parecer nos encontramos eventualmente ante un error o a una equivocación.  Eso es bastante universal en este mundo. Tal vez hayas oído decir: “Errar es humano, y perdonar es divino”.  Yo creo que conocer nuestra divinidad y conocernos como seres espirituales en este mundo, tiene bastante que ver con el perdón.

El diccionario registra dos definiciones para la palabra “perdón”. La primera es ‘perdonar activamente a alguien por una equivocación o una mala conducta’.  Permíteme recordarte que ‘perdonar activamente’ te incluiria a ti.  Entonces si estás involucrado en el perdón,  asegúrate de considerarlo como un acto de absolución hacia ti mismo, por aquello que se considera como una equivocación o una mala conducta.

Lo que sucede en nuestro aprendizaje y crecimiento y en nuestra experiencia humana, siempre nos lleva de regreso a nosotros mismos. De alguna forma cada experiencia comienza y termina con nosotros.  Lo que hay en medio —en la medida en que haya algo o alguien involucrado— en última instancia tiene que ver contigo.  La absolución o el perdón siempre incluye una oportunidad para perdonarte.

La segunda definición de perdón es “una cualidad que perdona” (ser indulgente). Entonces el perdón es una parte de la acción de perdonar.  Existen otras cualidades, pero perdonar es una cualidad particular que se refiere a la tendencia relacionada con perdonar ofensas de forma rápida y fácil.  ¿Tienes la tendencia a perdonar ofensas rápida y fácilmente? Revisa si, tambien  tienes la tendencia a perdonar a los ofensores de manera rápida y fácil. ¿Tienes eso como un compromiso? ¿Es eso una dedicación o una disposición en tu vida?  ¿O es por casualidad, o es algo que no considerarias hacer?

He escuchado un punto de vista que dice que si perdonamos una ofensa o a un ofensor, en realidad lo estamos perpetuando de alguna forma. Yo lo considero una equivocación o un error en sí mismo, asumir que el acto de perdonar o de condonar sería como enseñarles a que lo hagan otra vez.  Desde mi experiencia, si no perdonamos, si no condonamos, eso es lo que perpetúa la ofensa.  El hecho no perdonar es lo que puede permitir o motivar que el error ocurra de nuevo.

Todos nosotros en este mundo estamos aprendiendo a perdonar.  Estamos aquí como seres humanos para aprender a condonar.  Ese es el propósito primario de nuestra vida. Dios te bendiga si aun no has llegado a eso aún, y si no te has dado cuenta de que estás aquí para soltar y alejarte de la posición de ser quien juzga, o de quien se asegura de que haya una condena.  Estás aquí para aprender a perdonarte a ti mismo, como tambien perdonar a los demás y todo lo que pasa en este mundo.

John-Roger escribió el libro: Perdonar: La Llave del Reino.  ¿Cuál es ese reino?  El Reino de Dios.  Existen otras  llaves como la amorosidad, el gozo, la paz y la comprensión.  Sin embargo, esas llaves están tan relacionadas con el perdón que si perdonas, estarás practicando todas las llaves del Reino.

Imagina esto —si estás dispuesto a perdonar y perdonas completamente todas las ofensas, todos los errores y todas las equivocaciones, tendrías una vida de libertad.  Tendrías las llaves que te dan acceso al Reino.  Te estarias liberando de las limitaciones, de las condiciones y de todos los desafíos que suceden en este mundo.

John-Roger dijo: “Debes perdonarte todas las cosas.  Debes tener compasión por todas las personas y por todas las cosas que ellas han hecho”.  Tal vez estés considerando la idea de que perdonar a toda la gente y todas las cosas sea una equivocación.  Algunos podrían decir: “No necesito perdonarlos. Necesito señalarles  el error en lo que hacen. Me corresponde enseñarles lo equivocados que están o las maneras como yerran”. Considera que la verdadera libertad involucra soltar y olvidar todo juicio.

 Colocar los Juicios en la Luz

 Es importante mirar nuestros juicios, sean los  que sean,  sostenerlos en alto y arrojarlos  a la Luz. Podemos llevar la Luz a todos los juicios, particularmente a aquellos que registraría en la categoría de  ‘los juicios más grandes’. Tal vez exista un juicio  que consideras que es ‘el más grande’.  Llévalo hacia la Luz de manera especial y recuerda pedir siempre por el bien mayor.

Perdonar tus juicios tal vez no sea la primera cosa que te llegue a la mente.  Cuando estás en medio de un juicio, tal vez no pienses de inmediato: “Perdono  ese juicio”.  Tu disposición a responder ante cualquier juicio diciendo: “Me perdono por juzgar…” es una clave para soltar y dejárselo a Dios.

Empatía y Compasión

Yo veo el perdón como un aspecto de las leyes del Espíritu.  John-Roger identificó que hay  leyes espirituales de aceptación, cooperación, comprensión, entusiasmo y empatía.  La empatía se relaciona directamente con el perdón. La compasión se relaciona directamente con el perdón. Cuando experimentamos compasión por nosotros mismos, por los demás y por todas las cosas, estamos en contacto con el perdón.

La verdadera compasión puede ser la empatía que lo perdona todo.  Nuestra compasión y nuestra empatía, automáticamente nos llevan hacia el perdón.  Cuando estamos en empatía no sostenemos juicios porque nos damos cuenta de que: “entonces, por la gracia de Dios, yo avanzo”.  Hay algo humilde respecto a conocer nuestra conexión con las personas  y con las cosas.  Es una comprensión que dice: “Si te juzgo, me estoy juzgando a mí mismo”.  Juzgar es una restricción innecesaria que crea contrariedad.

Es importante llegar a darnos cuenta de que nuestras equivocaciones,  nuestros errores,  nuestros encuentros con la maldad si se quiere, cualquiera sea la negatividad,  ya son suficientes.  Eso ya es suficiente. Entonces  ya hay bastante negatividad, maldad, errores, equivocaciones, pecados, etc, tanta que no  hay ninguna razón para agregarle más.  Cuando juzgamos, automáticamente agregamos negatividad. Si no hay nada mas, aumentamos nuestra propia negatividad.  Añadiendo a la negatividad equivale a ser estúpido o a actuar estúpidamente porque sin necesidad se crean cargas, dolores, perturbaciones, angustias, sufrimientos, restricciones, y asi sucesivamente, es crean.  Mas negatividad, no es necesaria.  Podemos elegir aceptar lo que está presente y  lo que sea que ya se hizo, por medio de traer presente el perdon. Podemos elegir expresar el cuidar y amar  sin importar las condiciones que estén presentes.

Es posible que sientas que no puedes  mantener siempre tus pensamientos limpios, despejados y elevados.  Tal vez pienses que no sabes cómo alejarte del juicio. Te sugiero que sepas cómo hacerlo a través de elegir aceptar y ser positivo en tu respuesta.  Si te descubres juzgando, entonces ten la sabiduría de soltar, de liberarte hacia la conciencia que es amor viviente con todo y para todo.

Ten compasión por ti mismo.  Elige perdonarte por haber juzgado.  Esa es una clave para perdonar.

Bueno para el Alma

 En el MSIA se nos mmotiva a mirar nuestros juicios, de esa forma los traemos hacia la Luz.  Es como una especie de confesión. Tal vez hayas oído que la confesión es buena para el Alma.  Nosotros practicamos la parte que es buena para tu Alma.  Hay bondad para ti como ser espiritual, así como para tu humanidad, para reconocer, admitir y hablar de tus juicios.

El juicio con frecuencia viene acompañado de querer esconder, pretender, negar o mentir.  Considera que todos tenemos una parte que quiere negar los juicios.  Es parte de nuestra experiencia humana.  Sin embargo, cuando miramos nuestros juicios, también podemos mirar a aquello que es la causa del juicio. En mi experiencia, la causa es clara: hay un juicio esencial respecto a que alguien o algo debería ser distinto de cómo es.  Cuando entendemos eso, todo puede ser usado para un buen propósito, incluyendo la idea de cambiarlo por algo mejor, entonces no hay necesidad de  juzgar  que  cualquier persona o cualquier cosa, debería ser distinta.  Podemos usar nuestras elecciones  para ayudar a hacer mejor las cosas, al menos dentro de nuestra conciencia. Mantener un juicio se convierte en un gasto de energía y de tiempo. Podemos elegir contribuir en aquello que puede ser mejor.

Tal vez descubras que te resistes a mirar tus juicios, que evitas la confrontación con tu humanidad  y con lo que consideras errores o equivocaciones del pasado. Incluso puedes pensar que hay cosas que Dios no conoce y que tú puedes esconder.  Considera que no hay nada que Dios no conozca.  Entonces, Dios lo sabe, Dios siempre sabe.  Sin embargo, existe la salvación.  Dios es amor.  La unción del Cristo es perdón, paz y armonía.  Nuestra naturaleza divina es perdonar,  siempre.  En el MSIA invocamos al Dios mayor —al Dios que lo sabe todo, lo ama todo, lo perdona todo, al que busca la Luz que es el Cristo.

Si quieres moverte hacia lo divino y conocerte más plenamente como el ser espiritual que eres, entonces vas a tener una confrontación cara a cara con Dios.  Ver el rostro de Dios requiere el coraje de enfrentarte a ti mismo en tu totalidad y en cada detalle. Eres llamado a elevarte ante cualquier juicio que cargues, sabiendo  que el proceso de despertar e iluminarte tú mismo, es bueno para el crecimiento y el aprendizaje de tu Alma, mientras estás en este mundo.

Puedes juzgar que no posees el coraje para confrontar tus juicios. Puedes considerar  que no eres lo suficientemente fuerte para confesar lo que en verdad necesitas confesar.  Perdónate por tus dudas, por tus vacilaciones y por tus temores.  Tu proceso de confrontación te lleva al perdón.  No se trata de un ejercicio de juzgar  ni de aumentar tus juicios sobre ti;  es un ejercicio de perdonar y especialmente de perdonarte tú mismo. Nuestros juicios  se interponen en el camino hacia el perdón.  Los juicios nos impiden conocer y ser conscientes del reino de Dios, el cual  está lleno de amor, gracia, gozo y armonía, y siempre está disponible para aquellos que aman a Dios y se aman unos a otros.

 Perdónarse  

 Es importante mirar lo que estás juzgando o esperando de ti. Posiblemente se dé en el área de: “yo debería, yo hubiera podido, yo querría”. Tal vez te digas: “Debería haber hecho esto. Yo podria haber sido eso. Yo lo hubiera hecho si…” Mira qué fue lo que no ocurrió y que te llevó a juzgarte.

Cuando juzgas, sin importar lo que juzgues ni a quién juzgues, siempre te conduce de nuevo a ti.  Te estás juzgando a ti mismo..  Entonces sé consciente de eso, lo que significa que puedes saltarte el  juzgar la situación y simplemente preguntarte: “¿Por qué me juzgaba o Como me juzgaba?  Si no sabes  cómo hacerlo, o aun no estás consciente de cómo te juzgaste,  puedes simplemente elegir perdonarte al decir o escribir: “Me perdono por juzgarme por_______________” o “Me perdono por juzgarme como ____________”

 

Cuando juzgamos a alguien “debido a” o “por ser como”, en realidad te estás juzgando a ti mismo, por eso.  Este es un punto muy importante —cuando juzgas a alguien o a algo, realmente  te estás juzgando a ti mismo por eso.

Entonces cuando te mueves directamente al perdón, eres muy eficiente. Te saltas el como juzgas a otros y te mueves directamente  hacia “Me perdono por juzgarme por…” como sea que eso encaje y funcione para ti.  Si sientes que has enredado las cosas o que has errado y dices: “Nunca podré perdonar eso” sólo te estás maldiciendo.  En tanto no perdones, te va a doler o te va a molestar.  Te va a comprometer.  Un día lo vas a perdonar todo.  Bien podría ser hoy en este momento.

El perdón es el gran sanador.  Recibimos bendiciones en la mente y el Espíritu, cuando decimos: “Me perdono por juzgar…” asi es que dilo una y otra vez. Ten la intención de mantener la mente en el perdón.  Esfuérzate para  mantener tu conciencia y tu enfoque limpios de juicios.  Sosten la conciencia de perdón. Haz tu mejor esfuerzo para permanecer neutral y dejar ir los juicios. Entra en adoración y preséntate ante el Señor diciendo: “Señor, ayúdame a soltar esto”.  Sigue invocando el nombre del Señor porque el Señor necesita tu invitación para venir.

Hay partes en nosotros que nos quieren alejar de la adoración.  Los cuerpos se pueden sentir atraídos hacia ciertas cosas en el mundo, y las emociones pueden  hacer énfasis en las distracciones.  ¿Entonces cómo nos mantenemos en una conciencia de neutralidad y de perdón?  A través de nuestra devoción.

Elige llevarte a la adoración e ir a tu conciencia interior alejándote del enfoque en el mundo.  En MSIA lo llamamos ejercicio espiritual.  Tus juicios pueden ser quitados  por  la gracia que trae  el perdón.  Puedes elegir ponerte frente al Señor y pedirle recibir bendiciones de perdón.  La gracia de Dios lo puede hacer.

Vigilancia Eterna

La vigilancia eterna es una contraseña para el perdón.  En el libro Pasaje al Espíritu  John-Roger define la vigilancia eterna como “el estado constante de conciencia en el que no se pretende hacer daño a nada”.  Entonces en verdad no importa lo que alguien haga ni la forma como te puedan juzgar.  Ni siquiera importa que quizás tú no los quieras perdonar.  Aun así puedes elegir perdonar.  Vuelves a: “Me perdono por juzgar…” lo que sea que sostengas como el juicio,  aun incluso cuando la persona no esté dispuesta a perdonarte. Entonces podrías decir: “Me perdono por juzgar a esa persona por no estar en disposición de perdonarme”.

Considera que alguien que no esté en disposición de perdonarte en realidad te está reflejando tu propia indisposición para perdonar. Incluso si consideras que siempre estás en disposición de perdonar a todos, puedes reconocer que una parte de ti aun está aprendiendo.  Puedes usar esa manifestación de humildad para poner perdón en el nivel inconsciente, aceptando  que tal vez aun no estes consciente de esa parte en ti  que se aferra al juicio y resiste  moverse hacia el perdón.  Si estás lidiando con alguien que te encuentra ‘imperdonable’ puedes elegir perdonar de todas maneras. Puedes elegir perdonar cualquier acción que hicistes o que alguien mas hiciera.  Lo puedes perdonar todo.  Así que si se trata de una acción, situación o condición, material o biológica, pasada, presente o futura, puedes perdonar todo a pesar de todo.

Puedes perdonar aun cuando no sepas cómo ponerlo en palabras.  Simplemente puedes decir: “Me perdono”.  Si piensas: “Bueno, en realidad no me lo creo.  Considero que es una mentira” entonces puedes perdonar esa parte en ti que considera que es una mentira.  Puedes decir: “Me perdono por pensar que  es mentira que  me perdono”.

Sólo sigue perdonándote, sin importar lo que llegue a tu conciencia.  Esa es la vigilancia eterna.  Incluso si olvidas perdonarte, sigue eligiendo llevar tu conciencia a: “Me perdono.  Perdono mis juicios.  Lo perdono todo, yo perdono.”  La conciencia divina como  el Cristo, ama a todos y perdona a todos.  Perdónate, asi como Dios te ama incondicionalmente.  Sigue recordando la naturaleza divina que es el perdón —la llave del Reino de Dios.

 

Baruch Bashan.

 

Plegaria  de Perdón

Querido Señor, pedimos Tu bendición.

Hemos venido a Ti en perdón

en primer lugar, en el perdón que Tú le has otorgado

a toda tu Creación,

que Tú amas sin importar lo que lo que se haya hecho,

independientemente del estado de Tu Creación

mientras se mueve a través de todas las emanaciones,

de todas las formas, de todos los momentos precisos.

Tú amas incondicionalmente, y venimos a Ti en este amor.

Venimos a Ti en Tu sonido, en Tu silencio.

Simplemente venimos a Ti tal como somos,

en nuestra propia aceptación, en nuestra propia incondicionalidad.

Hemos soltado los juicios.

Hemos dejado de lado cualquier condena

que mantendría la negatividad en nuestra presencia.

Y aún no sabemos cómo soltar ni rendirnos

completamente.

Porque nos aferramos a nuestra ignorancia, a nuestra estupidez,

a nuestra rigidez y a nuestro karma,

por aquello que hicimos que era innecesario.

Continuamos y permitimos que eso persista.

Y Te damos gracias porque Tú nos permites entregártelo.

Y pedimos esa presencia que es el Señor,

el Señor de todos nosotros,

sin importar el nombre que le demos

a ese Señor, al Ser Supremo, que es perdón.

Se lo presentamos a Aquél a quien se lo podemos ofrecer

en  sacrificio en nuestra humildad,

en nuestra disposición para soltar.

Descubrimos que lo que queda es nuestra virtud,

nuestra transparencia, aquello que es el verdadero brillo,

aquello que es la radiancia, la pureza, la Luz.

Y como estamos dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos,

le compartimos  este perdón a los demás

como el amor del Señor que Tú nos brindas,

que nos descargas, que nos quitas

lo que es enfermedad, angustia, condenación,

eso que es la paja en nuestro ojo que no

nos permite ver.

De modo que ahora vemos claramente.

Contemplamos la luz y el amor

Que es el Santo de Santos.

Y nos descubrimos en una posición erguida.

Estamos completos. Somos fuertes.

Estamos llenos de vitalidad,

llenos de la fuerza de vida que es el Espíritu.

Y descubrimos que eso se irradia hacia todos.

Nos damos cuenta de la simplicidad de este momento,

de las bendiciones que siempre están presentes.

Aceptamos este encargo, ese es el camino del Señor, del Ungido.

Descubrimos que es amar a todos a pesar de todo,

perdonar todo a pesar de todo.

Y reconocemos cuándo hemos perdido nuestro camino,

y que debemos perdonar y aceptar.

En esta presencia, nos damos cuenta de las contribuciones que Tú

siempre estás haciendo.

Cada experiencia enseña.

Cada momento ofrece una oportunidad de ganar, de crecer,

de ir  más allá de lo que ata.

Respiramos aquello que se irradia a cada parte de nuestro ser,

y lo exhalamos,

porque llega gratuitamente para todos.

Y de nuevo Te pedimos que coloques en nosotros esa

conciencia que está despierta,

y que siempre la podamos identificar.

Y nuevamente, al reconocer nuestra humanidad,

sabemos que estamos atados al olvido.

Que estamos obligados a perder el rastro de nuestra

Divinidad y de la divinidad en todo,

y aceptamos Tu perdón.

Y lo entendemos en la medida en que traemos ese perdón

a nuestro interior,

creando una capacidad más grande para liberarnos.

Y así lo hacemos.

Baruch Bashan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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