El amor puede ser suave y dulce, envuelto en encajes. Pero cuando el momento lo exige, el amor es una fuerza con la que hay que contar. Crece desde una tranquila bondad hasta convertirse en una poderosa energía que reúne a las personas para ayudar a quienes lo necesitan.
El amor convierte a desconocidos en familia y a las multitudes en comunidades que se mantienen unidas por un bien mayor. Alimenta a quienes no conoce, ofrece apoyo económico y crea círculos de protección. Consuela y trae esperanza, perdona la traición y disipa la oscuridad.
El amor no ignora el dolor; lo enfrenta, permanece con él y ayuda a aliviarlo. El amor sana heridas que pensábamos que nunca se cerrarían. Lo que parece gentil es en realidad nuestra mayor fortaleza, una luz constante que nos expande, nos une y nos recuerda que incluso en nuestros momentos más difíciles, nunca estamos solos.
Y cuando todo lo demás se desvanece, el amor permanece: no frágil ni pasivo, sino perdurable, la fuerza silenciosa que nos lleva hacia adelante y nos enseña una y otra vez que el amor siempre vence.


