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Solo Sigue Amando

¿Quién está progresando mucho? Aquel que tiene cada vez menos tiempo de bajón. El que permanece arriba, abierto y expandido. Ese es. Ese es un maestro. Está trascendiendo todo lo que ocurre aquí. – John Morton

Este artículo procede de un compartir de John en una clase de Máster en Ciencia Espiritual (MCE) en abril de 2002.

Uno de los órdenes divinos establecidos aquí es que no se te dará nada que no puedas manejar. ¿Qué significa eso? Puede que digas: «Me aplastan, me detienen. Estoy atascado». Esas son cosas que estás manejando. Lo que se te está dando, puedes manejarlo.

La actitud que quizá tengas es que no estás manejando las cosas muy bien, pero, en verdad, sí lo estás haciendo. ¿Dónde está la evidencia? Estás sobreviviendo. No te mató. Ni siquiera la muerte te mata. Eso es lo asombroso.

Puede que digas: «He oído que la muerte mata». No. Simplemente le hace algo al cuerpo. Eso es todo. Quienes no comprenden ese proceso se quedan atrapados en lo que le ocurre al cuerpo. Quienes sí lo comprenden se dan cuenta de que el cuerpo no contiene ni controla nada.

Hay una visitación. Eso lo explica. Un día, lo que estaba en el cuerpo se marcha y no regresa. El cuerpo empieza a mostrar enseguida evidencias de que eso ha ocurrido. El cuerpo se detiene y luego se descompone. ¿Por qué? Porque ya no tiene aquello que lo mantenía en marcha. Se ha ido. La vida se ha ido. ¿Adónde fue? Buena pregunta.

Yo no me pasaría la vida preocupándome por lo que le ocurre al cuerpo. Lo único significativo que ocurría en el cuerpo era la vida que había allí. Cuando eso se va, podemos ir adonde fue la vida, que es hacia dentro.

¿Has oído alguna vez a John-Roger decir: «Si no es divertido, no veo ninguna razón para hacerlo»? Si el Espíritu no está ahí, la vida, la alegría y el amor no están ahí. Nosotros tampoco tenemos nada que hacer ahí. Nos vamos. Queremos sintonizar con lo que el Espíritu está haciendo, con lo que el Señor está haciendo hoy.

El Señor se trae algo bueno entre manos. ¿Qué clase de bien? El mayor bien. En realidad, el bien más grande. Eso es lo que es el Señor. Si de verdad quieres sintonizar con el Señor, dirígete hacia el bien más grande. Muévete en esa dirección.

¿Cómo lo haces? Haz lo mejor que puedas. Eso es. ¿Y si no lo haces lo mejor posible? Tienes otra oportunidad. ¿No es asombroso? Sin importar lo que hicieras, tienes otra oportunidad de hacerlo lo mejor que puedas ahora mismo. No hay condena. Siempre hay más oportunidades.

¿Qué empieza a marcar la diferencia? ¿Te estás permitiendo quedarte en lo negativo y en tiempo de bajón? ¿O te estás abriendo y eligiendo ir más alto, expandiéndote y moviéndote? Eso es lo que marcará toda la diferencia entre quién progresa y quién no.

Todo el mundo está progresando, pero es relativo. ¿Quién está progresando mucho? Aquel que tiene cada vez menos tiempo de bajón. El que permanece arriba, abierto y expandido. Ese es. Ese es un maestro. Está trascendiendo todo lo que ocurre aquí. No se queda atascado en nada de ello. ¿Cómo lo consigue? Simplemente no deja que las cosas lo detengan.

Si quieres presentar un caso negativo, se te permite ese lujo. ¿Qué te produce? No te produce lo que quieres. No te des al negativismo más de lo necesario.

Nos damos al negativismo porque lo elegimos. No tenemos por qué. No es obligatorio. Lo hacemos porque somos simplemente estúpidos. ¿Podemos cambiar ese programa? Sí, si estás dispuesto a despertar y a parar tus tonterías. Deja de repetir cosas que ya has hecho antes y que no necesitas volver a hacer.

Puede que digas: «¿Y si lo estoy haciendo otra vez?». No eres consciente de que estás entrando en un patrón de repetición. ¡Despierta! Date cuenta: «Ya he hecho esto antes. No necesito volver a hacerlo». ¿Qué es lo que necesitas hacer? Haz algo que tenga valor.

¿Qué conocemos que tenga valor? El amar tiene un valor tremendo. La verdad tiene un valor absoluto. No tiene precio. Involúcrate en esos bienes. Participa en el amar y en la verdad tanto como puedas. Si haces eso, te mantendrás en buen terreno. Te conducirá hacia aquello que no sabes hacer por ti mismo.

Sigue amando aunque no sepas lo que estás haciendo realmente, lo que está pasando, o no lo entiendas. Solo sigue amando. Eso se encargará de ello. Puede que digas: «Pensaba que tenía que entender, saber lo que estaba pasando, estar al mando y tener el control». Los estúpidos piensan así. Los inteligentes simplemente lo aman todo.

Eso puede parecer básico, como que un niño podría hacerlo. Sí, cualquier niño puede. Son los sofisticados los que no saben cómo hacerlo. Los que creen que saben lo que está pasando son en realidad estúpidos, porque no lo saben. Solo fingen. Así que vuélvete como un niño.

Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como estos es el reino de los cielos. (Mateo 9:14)

El amar funciona. Ámalo todo. Es asombroso, porque podemos estar en una cuneta o en un trono, y es lo mismo. No importa dónde estés. Ahí lo tienes. Entra en el amar.

Baruch Bashan

Bendición de sostener y perseverar hasta el final

De Blessings Here and Now, página 166

Tomemos eso hoy como un desafío: que minimicemos no solo la
curva, sino la negatividad que crea una curva innecesaria en
nuestra creación. Y podemos hacerlo por nosotros mismos, de
modo que equilibremos la negatividad.

Nos sostenemos en el amar. Nos sostenemos en la neutralidad
con aceptación, aunque nuestra mente esté despotricando y desvariando.

Nos sostenemos en la alegría, en la oportunidad de extender el amar
y el cariño a los demás, y para extender eso, lo encontramos
en nosotros mismos. Tiene que venir a través de nuestro propio amar y
cariño. Nos tomamos un momento para colocar eso, para traerlo adelante.

Pedimos la ayuda y el apoyo de Dios en todos los niveles, para
que eso llegue como sea que llegue a cada uno de nosotros.

Y a medida que llega a nuestra manifestación física, que
bendigamos nuestra creación. Amamos nuestra creación. La limpiamos, la equilibramos
y la sanamos.

La soltamos. La ponemos en la Luz para que pueda regresar a la
nada de la que ha venido.

La extendemos a quienquiera que esté cerca. Podemos ponerla en nuestra voz.
Podemos ponerla en nuestro rostro, en nuestro aliento, en una palabra amable,
quizá conteniendo la crítica o el juicio, para que seamos pacientes
hasta que la Luz y el amor sean lo que emana en toda nuestra creación.

Al hacer esto como una bendición que se abre, descubrimos que
puede venir a nosotros, que la estamos recibiendo.

En cuanto a quienquiera que encontremos, por muchos que sean, por distantes que estén,
nos hallamos en cercanía, que estamos aquí para compartir
el amor, la Luz, la bendición que llega como Tu gracia,
como Tu misericordia, como nuestra disposición a sostener y perseverar
hasta el final de todo esto. Que Dios lo bendiga todo.

Baruch Bashan

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