Enséñame a Entender

By: John-Roger, DCE

octubre 20th, 2017


Originally published in Movement Newspaper May 1980 Vol.  V Iss 5


La gente me dice: “Enséñame a entender”. Y yo les digo: “Entiendan las enseñanzas”.  Me preguntan “¿Cómo hago eso?” La respuesta es: entiendan las enseñanzas de la mejor manera posible, en cualquier momento o lugar donde te encuentres. La forma de entender las enseñanzas es aplicándose a comprenderlas, y para esto, puede ser que tengas que “despertar”. Aunque andes caminando físicamente puede ser que estés “durmiendo”.  Así que despierta de ese sueño, de ese trance, de tu auto-hipnosis y tu inconsciencia.

Cuando estás con un grupo de gente y el enfoque es despertar espiritualmente a una realidad más elevada, escucharás alguna cosa que despertará algo dentro de ti. En ese momento lo puedes sentir como una presión en el pecho, moviéndose, abriendo y expandiendo tu corazón… y sientes la energía del Espíritu dentro de ti. Esa energía a menudo se siente como algo desconocido, a y hasta incómodo, por el poder que tiene para liberar limitaciones pasadas. Y al sentir esa incomodidad o nerviosismo buscas dispersar la energía para revertir a las sensaciones más familiares. Tú puedes disipar la energía moviendo el cuerpo, hablando, gritando, teniendo sexo, comiendo, bebiendo, y drogándote. Toma nota de que cuando te involucras en estas distracciones, estás eligiendo eso en lugar de sentarte con la energía del Espíritu y experimentarla tal cual es.

Con demasiada frecuencia veo que las personas que están tan cerca del entendimiento se convencen a sí mismos de que no es eso, y por nerviosismo se alejan. Cuando sientas esa energía, que es el Espíritu dentro de ti, experiméntala en toda su plenitud. No hables acerca de ello. No te distraigas,  aun cuando te haga sentir incómodo. Cuando sientas ese despertar en tu interior, sumérgete completamente. No tienes que encontrar palabras para describirlo. No tienes que identificarlo. No necesitas saber qué es ni como te sientes al respecto. Simplemente deja que se revele, sin ideas preconcebidas de que si es bueno o malo, o de nada.

Casi siempre, tú quieres SABER por adelantado como será tu experiencia. Tú no necesitas SABER; puedes solo estar presente con tu realidad y dejar que suceda en su debido tiempo. A veces, cuando la gente va a escuchar mis seminarios le dirán a un amigo: “Voy a oír hablar a John-Roger”.

El amigo dice: “¿De qué va a hablar?”

-“No lo sé.”

-Entonces, ¿por qué vas?

-“Voy a ir para averiguar de qué va a hablar.”

-“Si no sabes de qué va a hablar, no veo por qué vas.”

Si miras esa conversación desde otro punto de vista, podrías preguntarte por qué alguien me iría a escuchar hablar si ya saben exactamente de lo que voy a hablar. Si ya SABES algo, no necesitas escucharlo de nuevo. Con frecuencia en los seminarios hablo de cosas que ya sabes pero que has olvidado o que has hecho de lado de alguna manera para que ya no estén presentes en tu vida.  Sin embargo, en el momento en que se te explican esas cosas, dices: “Lo sabía”.

A menudo, explico lo que está ocurriendo en el momento en que se está dando el seminario. Y al experimentar esa realidad en el mismo momento que yo, tu reconoces esa realidad dentro de ti mismo y captas la verdad de mis palabras. Puede ser que luego del seminario tu mente dude de lo que dije, e intente validarlo por medio de la duda. Eso es un método retrogrado.  No validas muchas cosas dudando de ellas. Las destruyes cuando dudas de ellas.

Tu puedes decir “lo quiero comprobar”. ¿Quién eres tú para comprobarlo? Quizás hace mucho que no hayas superado una prueba. Tú dices “bueno, quiero evaluarlo”. ¿Con qué? ¿Qué herramientas tienes para la evaluación? ¿Tú sabes? Tal vez solo quieras juzgarlo. Eso es fácil, no requiere herramientas, solo necesitas decir “¡NO ES BUENO!”

Si algo no es bueno ¿cómo puede ser que esté presente? Si está presente, ¿cómo no puede ser bueno? En las Escrituras dice que había tinieblas, entonces Dios creó el cielo y la tierra y cuando terminó, Él miró hacia abajo y dijo que era bueno. Si Dios dice que es bueno, toda la creación es buena. ¿Cómo puedes mirar cualquier parte de ella y decir que es no es bueno?

Tal vez dices que nunca escuchaste que era bueno. Y tal vez tienes la mente tan ocupada con tus opiniones y tus juicios que nunca te das la oportunidad de escuchar la voz de Dios. Y aun así, dices: “Cuando Dios me hable, escucharé”.

Prueba mantener la calma y sintonizarte con el lugar interior donde Dios está hablando.

“¿Donde es eso?”

Dentro de ti.

“Es mi mente; no me deja en paz”.

¿Por qué no la dejas en paz?

“¿Quieres decir que puedo dejar mi mente en paz?”

Es tuya; puedes dejarla en paz.

“¿Es mía?”

Sí.

“Es mi ansiedad. No puedo superar mis ansiedades”.

Tu mente es la que crea tus ansiedades.

“Bueno, así es como me siento”.

Eres tú quien elige esos sentimientos.

Puedes sentir lo que tú quieras. ¿Por qué elegir eso?

“¿Quieres decir que yo estoy eligiendo todo esto?”

¡Exacto!

“¿Soy yo el que está haciendo esto?”

¡Exacto! “

¿Yo solo?”

No.

“¡Gracias a Dios! ¿A quién le puedo echar la culpa? “

¿Por qué culpar a alguien? ¿Por qué tornarlo en algo malo? ¿Por qué no decir que no sabes lo que está pasando?

“Tengo que SABER” ¿Cómo voy a decir que no lo sé? ¿Qué pensará la gente? “Pruébalo y veras.

“Está bien. No lo sé… Y no pasó nada”.

Así es.

“¿Quieres decir que está bien no saberlo?”

A menudo es más sano no saber.

“¿Qué pasa si siento que yo necesito saber?”

Eso se llama PARANOICO.

Ser paranoico significa que todo te importa demasiado, en exceso. Los que expresan paranoia se preocupan demasiado por lo que piensan los demás, lo que están haciendo, qué sentimientos están teniendo, preocupándose de que puedan “atraparme”, preocupándose de que los demás se estén preguntando qué está pasando, etc. A la larga, si estás expresando paranoia, puedes empezar a creer que te están persiguiendo, y eso no es bueno. O quizás, lo peor no es que no te están persiguiendo sino que ni siquiera saben que existes.

Parte del patrón de paranoia que creas en tu vida es “editar” lo que le dices en un intento de controlar y manipular lo que piensan de ti. En lugar de simplemente vivir en el momento presente y amar tu vida, intentas “orquestar” tu vida. Tú los engañas consciente y deliberadamente. No les cuentas toda la verdad y luego quieres que reaccionen como si fuera toda la verdad. Les cuentas una parte, no les das toda la información completa. Y tratas de justificarlo pensando que te estás ahorrando la “molestia” de tener que lidiar con sus reacciones a toda la verdad. Eso es un juicio, amigos míos. De cualquier manera que lo trates de justificar, es un juicio.

Si les cuentas toda la verdad y te hacen problema ¿adivina qué?  Estarás desarrollando tu fortaleza y tu confianza. Confiarás más en ti mismo y ellos confiarán más en ti. A veces puedes alejarte de la verdad o de la verdad completa porque no estás seguro de poder manejar el resultado final. Pero el resultado final será el resultado final, y podrás manejarlo de la misma manera en que manejas tu vida hoy. A veces manejas las cosas bien y, a veces no tan bien, pero aquí estás.  En mis diversas vidas he manejado situaciones arrastrándome de rodillas por la mugre y la basura. Y a veces he manejado mis vidas magníficamente. Y estoy aquí. Claro, podría mirar hacia atrás y verlo como algo malo, pero estoy aquí. O puedo mirar hacia atrás y verlo todo magnífico, y estoy aquí. Y no fue ni malo ni magnífico. Puede haber cosas que no quisiera volver a hacer, pero estaría dispuesto a repetirlo si eso es lo que debería hacer.

Cuando puedas hacer las cosas que están presentes, cualquier cosa que sea, y a hacerlas no como un pensamiento o un sentimiento, o considerando o preocupándote de lo que podrías obtener a cambio, o de lo que te mereces, o lo que piensen los vecinos, es ahí cuando comienzas a vivir en la libertad de tu propia conciencia.

Cuando puedes vivir tu vida en el momento en que estas, sin la expectativa de que ocurra nada en particular, sino simplemente abierto al presente, estarás viviendo en Espíritu; y te encontrarás experimentando tanta alegría y tanta libertad.

En ese momento de AHORA, empiezas a conocerte a ti mismo y ese es el comienzo de tu conocimiento de Dios.

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Gracias, mil gracias