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¿Qué Puede Hacer una Sola Persona?

«Estamos pasando a formar parte de un cambio global en el que cada individuo es el modelo de un miembro positivo, afectuoso, productivo, cooperativo y amoroso de la familia humana.» – John-Roger

Este artículo de John-Roger se publicó por primera vez en The Movement Newspaper, en enero de 1984.

Estamos pasando a formar parte de un cambio global en el que cada individuo es el modelo de un miembro positivo, afectuoso, productivo, cooperativo y amoroso de la familia humana. Por eso, no hay alternativa a la integridad personal. Tú cuentas, yo cuento; todos contamos.

Un cambio de masa crítica en la conciencia está creando la posibilidad de que podamos liberarnos de la idea de la imposibilidad. Cuando estamos de acuerdo con la idea de la imposibilidad, quedamos atados a creencias anticuadas e insostenibles, creencias que producen estancamiento y destrucción, ya sea por diseño o por omisión.

¿Qué puede hacer, entonces, una sola persona?

Ser fiel a uno mismo es el corazón de la integridad personal. Requiere compromiso, conciencia, valentía y práctica. Ejercer de forma constante tu propia integridad produce armonía interior y, en última instancia, puede extender el espíritu de cooperación universal a más y más individuos. Empieza por ti.

Vivir tu integridad se convierte en la regla en lugar de en la excepción. Transforma la calidad de tu vida. Puedes observar cómo sus corrientes transformadoras irradian en círculos cada vez más amplios por tu universo, a medida que te conviertes en prueba viviente de que el amar es muy eficaz.

No es cuestión de confiar o no confiar. Porque a tu alrededor, gracias a tu integridad, habrá confianza. Habrá un alineamiento, una verdad universal y un amar universal. Cada uno de vosotros, por ser parte de Dios y parte del campo de energía que Dios creó, se hace responsable no solo de amar a tu prójimo como a ti mismo, sino de amar este mundo como a ti mismo. Porque cada ser de este planeta es parte de Dios en acción.

Esto solo puede hacerse cuando llegamos a un conocimiento más verdadero de quiénes somos. Cuando actúas desde ese lugar que es para el mayor bien, que no hiere a los demás, que no te hiere a ti mismo, y que eleva a los demás y a ti mismo, se produce una transformación en tu cuerpo físico. Este empieza, de verdad, a cobrar salud. Empiezas a tener felicidad y te descubres sonriendo cuando estás completamente solo. Te descubres sintiendo alegría cuando no hay nada por lo que estar alegre.

Ha habido gente que me ha preguntado: «¿Cuál es tu postura sobre las ojivas nucleares?». Y he respondido: «No me importa que no desarmen las ojivas nucleares; ¡lo que no quiero es que nadie pulse el botón para lanzarlas!». Si yo estuviera sentado con el dedo sobre el botón y me dijeran: «Pulsa el botón», no lo haría, porque mi integridad personal no podría enviar destrucción a otras personas de este mundo que son parte de mí de una manera espiritual.

Hace mucho tiempo descubrí que, cuando los bebés están enfermos y se mueren en Sudamérica o en Sudáfrica, los padres lloran y se afligen igual que en Estados Unidos. Ocurre en todos los lugares en los que he estado. Sienten una profundidad de desesperación, pena y pérdida, y, en nuestra integridad personal, no podemos quedarnos sentados y permitir que eso siga sucediendo. La integridad personal de una sola alma cuyo momento ha llegado es una fuerza más poderosa que todas las bombas de cualquier universo.

Como parte de mi propia integridad, decidí hace mucho tiempo que no haría nada que no me gustara hacer. No es que siempre me fuera a sentir bien; era un compromiso más profundo que eso. Tomé conciencia de que había algo que se movía dentro de mí hacia la respuesta sentida de la integridad.

Como trabajo con las personas en el camino interno, les resulta difícil, a quienes no han tenido esa experiencia, captar lo que es, comprenderlo y poder fluir con ello. Y quienes sí lo captan han descubierto que su propia integridad dice: «Pero, mira, eso me ocurrió a mí como mi experiencia». Y esa experiencia se acumula; no solo interiormente, sino que tiende a fluir hacia fuera. La gente que te rodea empieza a estar muy agradecida de conocerte. Ah, habrá algunos que intenten denigrarte porque aún no conocen la integridad de su propia vida. Creen que denigrar y culpar cura cualquier cosa. La cura ocurre cuando asumes la responsabilidad de algo y lo sacas adelante. Si culpar resolviera algo de verdad, todos ya nos habríamos ido del planeta.

Sanar es la acción alternativa a curar, y puede producirse con cualquiera en cualquier momento, amándote lo suficiente como para poner tus prioridades en orden y averiguar en qué dirección vas. Y luego, mantente fiel a eso. A medida que lo haces, la energía de quien eres, ese ser espiritual, vendrá fluyendo a raudales a través de ti. Tocarás a otras personas, y esa energía podrá moverse sin inhibición hacia los demás, y ellos podrán sentirla.

De manera parecida, puedes elegir poner tu energía en la tendencia negativa de la fatalidad. Siempre va a haber algo en este mundo que te fastidie o te enseñe una lección. Puedes tomar lo que ocurre en la vida o como una piedra de tropiezo o como un peldaño. Puedes alzarte en integridad personal, en el espíritu de tu vida y de tu propia honestidad. No como una fuerza polarizadora ni de mayoría/minoría, sino más bien como un individuo: una mayoría de uno. Partiendo de ese espacio, en realidad no hay nada que nosotros, como seres humanos, no podamos lograr.

Mi trabajo es recordarte el vivir, el amar y el reír que existe en toda la creación de Dios. Cuando Dios nos hizo, no usó material de desecho. Tampoco usó todo Su poder ni todo el material. Todavía hay tremendas oportunidades de mejora y, cuando avanzamos hacia metas afines, podemos lograr lo que ningún otro ser consciente puede lograr. Podemos construir imperios o destruir pueblos y naciones. Está en nuestras manos poder hacerlo. La pregunta es: «¿Queremos hacerlo?».

Colectivamente, tenemos poder, autoridad y posición. De forma individual, tenemos integridad.

Muchos de vosotros les habéis dicho a vuestros hijos: «No me mientas. Dime la verdad». Lo que en realidad les estáis diciendo es: «Ten integridad». Reconocemos la integridad cuando se nos demuestra. Los niños reconocen la integridad cuando su madre o su padre reconocen sus propias faltas en lugar de mentir y echárselas a otros. Como adultos, también la calamos muy rápido. Y, cuando te quitan de la cara las telarañas de la oscuridad, puedes verla tan rápido que pasas de largo antes de darte cuenta de que la has visto. Puede que tengas que dar marcha atrás, detenerte y mirar.

¿Cómo sabes que has aprendido? Cambiarás tu comportamiento. Eso demuestra que has aprendido. Sin embargo, aprender ya no es suficiente. Debemos transformarnos, iluminarnos y espiritualizarnos. Debemos regenerarnos y convertirnos en el nuevo ser en aquello mismo que nos mantiene vivos: la esencia y la energía de Dios. Se le llama de muchas maneras en muchas culturas; yo lo llamo el Amado, porque la gente se identifica con eso. También llamo integridad a la conciencia interior, porque todos podemos identificarnos con eso.

Si tuviera una oración por ti, rezaría para que contrajeras la enfermedad llamada integridad. Y rezaría para que la tuvieras de forma tan contagiosa que viajara por todas partes, y para que la acompañaras con el amar y la demostraras siéndola. Aquellas personas que han demostrado integridad en el pasado han sido asesinadas, porque solo una o dos la demostraban. Ahora bien, cuando nos alcemos como pueblo, ¿quién quedará para hacernos daño? Nadie, porque todos estaremos de pie en la integridad de la vida.

Amando, sirviendo y trabajando juntos, podemos reorientar el rumbo potencialmente destructivo trazado para nuestro planeta hacia una elevación positiva en la que la humanidad gane. No esperes un futuro mejor; créalo ahora, en el presente.

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