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Nuevo Amanecer

El Señor y Yo Somos Uno

“Estoy contigo”. Ese es el Señor. Si de verdad lo piensas, esa conciencia podría decir la verdad de forma absoluta y eterna diciendo: “Siempre estoy contigo”. – John Morton

Este artículo procede de una sesión en la que John compartió en mayo de 2026 con estudiantes de grado del Seminario Teológico de la Paz y Facultad de Filosofía.

El Señor haría tu vida completamente como tú. John-Roger nos enseñó: “El Señor y yo somos uno”. Me lo tomé a pecho. Lo reclamé.

Tenemos en nosotros un poder que actúa a nivel del corazón. Cuando digo el nivel del corazón, me refiero al nivel del Alma. Y cuando digo el nivel del Alma, me refiero al nivel de Dios. Todo a la vez.

No es algo como: “Estoy en una fase del Señor y no consigo llegar a la conciencia del Alma porque el Señor me tiene haciendo cosas kármicas en el nivel etérico. Me olvidé de ello y no sabía que tenía todo este karma en el nivel etérico”.

El Señor lo está haciendo contigo. “Estoy contigo”. Ese es el Señor. Si de verdad lo piensas, esa conciencia podría decir la verdad de forma absoluta y eterna diciendo: “Siempre estoy contigo”.

Si el Señor está siempre con nosotros, ¿cómo funciona eso? ¿Es algo como: “Oye, Señor, estoy ocupado. No interfieras ni estropees lo que estoy haciendo. Siéntate y ocúpate de tus asuntos”?

A menudo considero que el Señor tiene el poder de volverse invisible para nosotros. Si hacemos lo que llamamos invisible y silencioso, esa es la presencia del Señor. ¿Cómo o por qué lo hace el Señor? Para que puedas aprender a hacer lo que es tuyo. “Soy tan sutil que conscientemente ni siquiera sabes que estoy aquí. Pero estoy completamente contigo. Eso es lo que soy. No me voy. No te doy la espalda. No te abandono. No te desamparo. No te juzgo”.

Puede que digas: “Son muchos ‘no’. ¿Qué es lo que sí haces, Señor?”. El Señor dice: “Te amo. Te amo tal como eres. Siempre y de todas las maneras”.

Tú no eres tus acciones. No eres lo que haces. ¿No es asombroso? Estás en ello, pero no eres de ello. Estás completamente fuera de ello. ¡Eso es bueno! Puedes liberarte de lo que hiciste, pero tienes una responsabilidad, porque eres cocreador en todos los niveles. Así que tendríamos entonces la intención de aclararnos con lo que hemos creado. Tenemos responsabilidad por lo que hemos hecho como acciones.

Hay una manera rápida de hacerlo, llamada la acción crística, bendecida de la manera en que el Cristo la bendice. La manera rápida es: “Me perdono a mí mismo”. Cuando salimos de la acción, perdonándonos, es por haber juzgado lo que hicimos o no hicimos. A menudo hay mucho ahí. Tuviste la oportunidad de hacer lo que era verdadero en tu corazón, pero te echaste atrás, no te lo permitiste o fingiste que no podías.

También es fingir que no sabes quién eres. Eso puede ser algo raro, extraño. Puede que sientas que llevas una especie de vida falsa. No mala, pero como si fueras haciendo las cosas por inercia. Pero sí tienes cierta responsabilidad, porque hay un nivel de lo que haces que lleva la ley dentro. Si haces algo, lo que eso cree vuelve.

Una de las cosas que hacemos en el nivel de la conciencia del Viajero, que es también la Conciencia Crística, es que lo bendecimos. Se libera de la manera kármica. Luego, en la gracia, se bendice. Ya no existe. Se acabó. Tú no estás en eso. Estás aquí. Se bendice con: “Me perdono por el juicio de que me retengo, de que soy malo o estoy equivocado, de que soy perverso, de que no valgo, de que no soy digno o de que no puedo hacerlo”.

Incluso ese nivel tiene algo de la ley de reversibilidad con lo que pensamos y seguimos sosteniendo. No llega al corazón. No puede estar en el corazón porque no es amoroso. No perdona. No está bendecido. Entonces, ¿qué es? Es extraño. Una señal de que estamos desviados. Como: “Me siento confundido, raro, avergonzado. Siento algo como: ¿qué demonios? Ya no importa. Voy a rendirme, a tirar la toalla y a acabar con esta vida”.

La vida tiene un final. Pero vas a retomarla ahora, donde estás en tu aprendizaje y tu crecimiento. Ahí es donde estamos. Estamos en el aprendizaje. Vinimos aquí a aprender.

En el nivel de la maestría, el Maestro Interior, en esa presencia que es Dios, llega como un compañero. Puede aparecer como un amigo. Pero a veces nuestras agresiones, nuestro “anti-esto” o “anti-aquello” se dirigirán al Maestro Interior. ¡Buena suerte! No funciona. Hay una protección.

En la ley de reversibilidad, lo que lanzas como balas vuelve a ti. En realidad te estás disparando a ti mismo. Si crucificas al Señor, te crucificas a ti mismo. A nivel del ego, puedes decir: “Puedo usar esto para terminar con el tipo de pensamiento que me separa, que me lleva a un anti-amor, a estar en contra o al odio. No puede perdurar. Tiene que llegar a su fin”. Podemos ponerle fin ahora con: “Me perdono a mí mismo”. Entonces el Señor está hablando en eso a través de ti, como tú.

“El Señor y yo somos uno”. Cuando lo has hecho a la parte más pequeña de quien eres (tu yo olvidadizo, separado y falso), se lo haces al Señor. Pero el Señor no juzga ni hace que vuelva.

Quizá necesites que una experiencia vuelva a ti para darte cuenta de lo que te estás haciendo a ti mismo y a tu naturaleza divina. No llega a tu naturaleza divina, lo cual es bueno. Esto es: “Gracias a Dios. Alabado sea el Señor. No puedo dañar a mi verdadero ser”. Nadie puede dañar su verdadero ser. Simplemente es así.

Puede que hayamos adoptado por costumbre este falso yo. Ahí es donde está la limpieza. Limpiamos el falso yo y entramos en la disposición de contemplar quiénes somos como seres divinos. Entonces empezamos a practicarlo y a verlo en todos y en todo.

John-Roger nos enseñó: “Busca lo bueno y lo divino en las personas y en las cosas”. En todas ellas. Dijo: “De Dios proceden todas las cosas. Dios ama toda su creación”.

El amor de Dios ha estado aquí todo el tiempo. No nos dábamos cuenta o lo olvidamos. Recuerda decir: “Me perdono por olvidar que soy divino”. Empieza aquí mismo, ahora mismo. “Me estoy amando y estoy soltando todo lo que sea menos que amoroso. Lo entrego a la Luz”. Eso lo lleva al Cristo para traerlo aquí, para que quedes libre.

Baruch Bashan

Oración por la Verdad

Señor Dios, una vez más damos gracias
por la oportunidad de estar contigo.
Te pedimos que nos hagas avanzar desde todo aquello que hayamos elegido
que nos mantenga rezagados o nos impida conocerte.
Elévanos de nuestras pretensiones y falsedades,
que hemos puesto ante nosotros como juicios y falso conocimiento.
Te pedimos que nos quites la ilusión
y que nos ayudes, sin importar lo que hayamos hecho.
Venimos a Ti en gracia, a la puerta del perdón.
Devuélvenos la alegría y el valor, para que podamos atravesar cada día
y todo lo que nos salga al paso, conociendo las bendiciones de cada momento
y alegrándonos en lo que contemplamos como verdad eterna.
Traemos nuestro entusiasmo para hacerlo lo mejor que podamos.
Confiamos en que siempre estás con nosotros y
en que Tú has preparado el camino.
Nada de lo que esté en contra nuestra durará jamás.
Toda negatividad que encontremos no prevalecerá.
Resucitamos en el Cristo.
El Espíritu Santo es nuestro compañero.
Traes la mano del Señor para tocarnos,
fuerza para elevarnos, visión para contemplar Tu rostro,
Luz para dejarnos ver la verdad, y sabiduría para saber
que se hace Tu voluntad.
Y encontramos la paz eterna en Tu abrazo amoroso.

Baruch Bashan

Nota: La bendición anterior pertenece al libro de John Morton Tú Eres las Bendiciones, disponible en la tienda de MSIA en https://www.msia.org/tienda/product/tu-eres-las-bendiciones/

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